Evacuación masiva en las islas: el pulso del Paraná se siente en Puerto Paranacito
La calma del río quedó alterada por el ruido de motores náuticos y el movimiento continuo de barcazas que descargan hacienda en la orilla. La escena en Puerto Paranacito muestra la urgencia de una logística que en los últimos días se volvió imprescindible para evitar pérdidas en la ganadería insular.
Productores y vaqueros trabajan contrarreloj mientras la cuenca del río avanza hacia los campos anegados y las alertas meteorológicas elevan el nivel de preocupación. Frente a la mayor intensidad del fenómeno El Niño, la consigna en las islas es clara: sacar los animales antes de que el agua corte pasos y caminos.
Lo que comenzó como un proyecto logístico local se consolidó en seis meses como un nodo vital para las evacuaciones coordinadas por la Sociedad Rural de Victoria. Emiliano Merzbacher, su vicepresidente, lidera desde el muelle las planillas y los acoples entre barcazas y camiones para acelerar cada viaje.
La mejora en las rutas de traslado redujo tiempos y multiplicó viajes: antes un barco demoraba dos horas y media en ir y volver a Victoria, y ahora completa el recorrido en apenas 40 minutos. Esa agilidad permite realizar tres o cuatro viajes diarios, pero también expone la operación a barro, caminos intransitables y costos logísticos crecientes.
La evacuación no solo alcanza a la hacienda: familias isleñas desmontan casas modulares y embarcan viviendas para protegerse de la creciente. Productores como Fernando Brasesco llevaron su casa móvil sobre la cubierta junto a los animales, una imagen que resume la dimensión humana de la emergencia.
En el muelle la disciplina es estricta para evitar cuellos de botella y minimizar el estrés del ganado; la regla opera en bloque: barco que llega sin camión esperando no descarga. Esa coordinación busca prevenir hacinamientos que podrían provocar animales lesionados o pérdidas de vidas durante la maniobra.
Productores como Matías, llegado desde Nogoyá, relataron que trasladaron más de 100 animales en un único viaje y que mover la hacienda de golpe implica inevitablemente pérdida económica. Aun así, coinciden en que no hay alternativa si lo que está en juego es la integridad de los animales y la continuidad de la actividad.
En paralelo, en Puerto San Lorenzo se montó otra base de descarga para descomprimir la operación y ofrecer vías alternativas hacia el continente. La red de puertos y camiones busca evitar que la crecida termine aislando a las islas y multiplicando los costos de rescate.
Costos, riesgos y señales para la ganadería insular
La urgencia por evacuar erosiona la rentabilidad del negocio ganadero: combustibles, fletes, mano de obra y pérdidas por manejo elevan los costos operativos en un momento ya complejo para el sector. Los productores señalan que, pese a precios que ofrecen cierto alivio, la logística de emergencia reduce márgenes y añade horas de trabajo que no estaban previstas.
Según estimaciones previas a esta etapa intensa de evacuaciones, en la región quedaban alrededor de 30.000 animales en sectores insulares que aún podían verse afectados por la crecida. Esa cifra plantea la dimensión del desafío logístico y el riesgo sanitario y económico ante eventuales fallas en el traslado o demoras por el clima.
El escenario climático local está condicionado por la influencia de El Niño y por el aporte de agua desde la cuenca del Paraná y el Uruguay, que impulsan crecidas más rápidas y sostenidas que en años normales. Las previsiones de lluvias continuas y el agua que baja desde el norte obligan a los productores a anticipar movimientos y a replantear rutas de salida.
Los caminos del llamado “continente” agotan la maniobra: la lluvia en zonas de entrantes dejó camiones encajados y obligó a demorar traslados hasta que las huellas se sequen lo suficiente para soportar el paso de vehículos pesados. Ese factor incrementa la necesidad de coordinación entre productores, transportistas y autoridades locales para gestionar ventanas operativas seguras.
La respuesta local combina la organización comunitaria con iniciativas privadas, pero los productores reclaman medidas de largo plazo para minimizar impactos futuros. Invertir en infraestructura, sistemas de alerta temprana y planes de manejo específicos para la ganadería insular aparece como prioridad para reducir la habitual tensión entre tiempo y pérdidas económicas.
En el corto plazo, la consigna sigue siendo salvar a los animales y proteger a las familias afectadas por la subida del agua, mientras que en el mediano y largo plazo las lecciones de esta emergencia deberán traducirse en políticas públicas. La travesía desde las islas al continente es hoy un ejemplo palpable de cómo el clima, la logística y la vida rural se entrelazan en cada decisión de rescate.
Por Palabra de Campo. Reporte desde Puerto Paranacito y San Lorenzo con fuentes locales y productores de la zona.



