La campaña gruesa 2026/27 comienza a dibujar un escenario de gran volumen, aunque con decisiones muy distintas según la región. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyectó una producción total de 157,9 millones de toneladas, apenas por encima del ciclo anterior. Detrás de ese número conviven una mayor superficie de soja, el regreso del maíz temprano en zonas con buena humedad y una amenaza sanitaria que todavía condiciona al norte argentino.
Soja y maíz, una pulseada región por región
Cecilia Conde, integrante del Departamento de Estimaciones Agrícolas de la entidad, explicó en Palabra de Campo que la soja ocuparía unas 17 millones de hectáreas y aportaría 53,6 millones de toneladas. Parte de esa expansión se concentra en áreas donde el riesgo de la chicharrita del maíz, Dalbulus maidis, empuja a los productores a buscar una alternativa menos expuesta.
La foto cambia en la zona núcleo. Allí, los buenos perfiles de humedad y la perspectiva de un evento El Niño vuelven a darle lugar al maíz temprano. Cuando el agua está disponible en la ventana adecuada, el cultivo puede expresar un potencial mayor y distribuir mejor el riesgo dentro de la rotación.
“No hay una única decisión para todo el país”, resumió Conde. La relación de precios, la disponibilidad de semilla, la condición hídrica y la presión de plagas terminan definiendo la estrategia de cada lote. Por eso, un aumento nacional de soja puede convivir con más maíz temprano en el centro productivo.
El agua no alcanza sin tecnología
La especialista también puso el foco en el nivel tecnológico. Una campaña con humedad favorable abre la posibilidad de ajustar densidades y nutrición, pero esos cambios necesitan diagnóstico y manejo. La siembra y la fertilización variable permiten asignar insumos donde el ambiente puede responder y evitar gastos donde el potencial es menor.
El girasol aparece, además, como otro de los cultivos con buenas perspectivas. Su crecimiento aporta diversificación y ofrece una salida productiva en regiones donde la disponibilidad de agua o las restricciones sanitarias limitan otras opciones.
La proyección de 157,9 millones de toneladas no garantiza por sí sola un resultado económico. Costos, precios y logística seguirán pesando. Sin embargo, confirma que la Argentina vuelve a encarar una campaña de escala, con una base hídrica que permite pensar en rendimiento y con la tecnología como herramienta para capturar esa oportunidad.



