Productores del Delta aceleran el éxodo de ganado: la crecida obliga a retirar 400.000 cabezas en riesgo
El primer barco que llegó al Puerto Paranacito trajo la hacienda de la familia Vitali, productores de Nogoyá que crían ganado desde hace generaciones en las islas del Delta del Paraná. La decisión fue preventiva porque, según los productores, en los próximos días los campos podrían quedar bajo más de un metro de agua y las pasturas que alimentan al ganado quedarían totalmente sumergidas.
En la costa, la descarga exige paciencia y coordinación mientras los animales descienden por una rampa y avanzan hacia los corrales para subir a los camiones que esperan su turno. La escena, registrada durante una recorrida, refleja un éxodo impulsado por la amenaza del agua que altera los ciclos productivos de la ganadería insular.
“Cuando dependés del barco y de cómo está el corral, estás desamparado”, resumió un productor que prefirió priorizar la seguridad del rodeo antes que el cierre natural del ciclo de engorde. Sacar la hacienda anticipadamente reduce el riesgo de pérdidas mayores, pero también genera costos y pérdida de kilos que afectan la rentabilidad.
Transportistas como Sergio Muñoz, que realiza habitualmente entre tres y cuatro viajes diarios, relatan jornadas extenuantes y picos de demanda: en noviembre pasado llegó a hacer 60 viajes para sacar animales. La logística implica barcazas, camiones, personal y coordinación en puntos de descarga que deben funcionar sin interrupciones para evitar esperas y contratiempos.
Las cifras oficiales muestran la magnitud del desafío: en las islas correntinas hay 67.000 animales, de los cuales alrededor de 19.000 ya fueron retirados, y en Entre Ríos la hacienda en islas suma 211.000 cabezas, aunque incluyendo campos bajos el total en riesgo asciende a 400.000. El fenómeno expone la vulnerabilidad de una región que funciona como gran zona de recría y engorde para el país.
En el Delta ingresan terneros de entre 200 y 250 kg que aprovechan pastizales naturales hasta alcanzar entre 500 y 550 kg antes de salir a faena, lo que significa meses de ganancia de kilos a bajo costo interrumpidos por la crecida. La salida anticipada implica sacrificar ese margen productivo y recomponer la operación en campos de tierra firme.
La familia Vitali tuvo que trasladar 200 novillos y novillitos que llevaban dos años en las islas, interrumpiendo un ciclo pensado para aprovechar la primavera y el verano y salir directo al frigorífico. El traslado también depende del estado de los caminos, porque las lluvias recientes aumentan el riesgo de que los camiones queden empantanados durante el trayecto.
El costo operativo es significativo: el flete de la barcaza desde campos situados a cinco o seis km del puerto representa unos $2,5 millones por viaje, y se necesitaron cinco camiones por más de $1 millón adicionales por traslado, sin contar el personal. Esa erogación no prevista se suma a la pérdida de kilos y al estrés logístico que enfrentan los productores.
Puerto Paranacito: centro de la logística y la urgencia
El puerto se trasformó en una alternativa ágil para descargar y reenviar hacienda hacia campos de tierra firme, gracias a la infraestructura impulsada por la Sociedad Rural de Victoria. La entidad local también opera un puerto en San Lorenzo, cercano a Rosario, que ayuda a diversificar puntos de salida y aliviar la demanda en momentos críticos.
El vicepresidente de la Sociedad Rural de Victoria supervisa el movimiento y destaca que en la última semana ingresaron alrededor de 4.000 animales desde las islas, lo que obliga a descargar rápido para que la barcaza vuelva a recargar. La dinámica requiere corrales libres y turnos coordinados, porque cada demora reduce la capacidad de respuesta ante la creciente.
En el operativo también aparecen voces con memoria histórica, como la de una ganadera de 88 años que recuerda cómo su familia ya trasladaba hacienda en barcaza hace seis décadas. Para ella, la situación ya no es preventiva sino de emergencia, porque el río muestra señales de una crecida más pronunciada en los últimos días.
Productores como Gonzalo Dumont advierten que las grandes lluvias en el norte argentino y Brasil, sumadas a la activación del fenómeno El Niño, potencian el riesgo de inundaciones generalizadas en el Delta. Con pronósticos que indican que en 15 o 20 días buena parte de la superficie podría estar bajo agua, la carrera por sacar animales se vuelve más intensa y menos planificable.
La escasez de embarcaciones se impone como una limitante definitoria: no es tanto el costo del flete como la capacidad de transporte lo que frena la velocidad de evacuación. Esa falta de barcos obliga a organizar turnos, genera competencia por servicios y retrasa la relocación de hacienda hacia campos seguros.
Para muchos productores, cada animal que sale de las islas representa una preocupación menos, aunque el traslado implique recorrer entre 50 y 60 km hasta campos alternativos y enfrentar costos adicionales. La falta de logística suficiente también obliga a tomar decisiones rápidas sobre si mantener animales en campos prestados, venderlos en remate o trasladarlos a establecimientos propios en tierra firme.
Impacto productivo y medidas necesarias
La emergencia pone en juego meses de trabajo: los animales pierden la oportunidad de ganar kilos a bajo costo y los productores enfrentan gastos extraordinarios que erosionan márgenes ya ajustados por la inflación y la volatilidad de los mercados. El saldo económico dependerá de la duración de la crecida y de la capacidad de los productores para reinsertar la hacienda en ciclos productivos rentables.
La experiencia muestra que la prevención y la planificación basada en pronósticos hidrometeorológicos permiten reducir pérdidas, pero no eliminan la necesidad de respuestas rápidas cuando cambian las condiciones. En este sentido, la coordinación entre productores, transportistas, sociedades rurales y gobiernos provinciales es clave para optimizar recursos y priorizar la seguridad del rodeo.
Desde las gobernaciones de Entre Ríos y Corrientes se aportan números y seguimientos, pero los productores reclaman mayor disponibilidad de barcos y soluciones logísticas de mediano plazo. Además, la situación reabre el debate sobre medidas de adaptación, como infraestructura elevada, seguros climáticos y modelos de arrendamiento que contemplen riesgos hidrológicos.
En el corto plazo, la prioridad es bajar el estrés de los animales y asegurar su alimentación y alojamiento en tierra firme, mientras se define qué parte del rodeo permanecerá y cuál irá a remate. A mediano y largo plazo, la recurrente amenaza de crecidas obliga a pensar en estrategias que reduzcan la exposición y aumenten la resiliencia de la ganadería del Delta.
El relato de Puerto Paranacito combina logística, tradición y urgencia, y pone en primer plano a productores que aprenden a convivir con la imprevisibilidad del río. Queda claro que, sin más barcos ni una planificación integral, la tensión entre el agua y la producción rural seguirá marcando el pulso de la ganadería en el Delta.



