Empresa en crisis que cambió a tiempo su fórmula y renació vendiendo dulce de leche

En Salta, la familia Alvarado avanzó desde el tambo a diversos productos lácteos

En el Valle de Lerma, a 20 kilómetros de la ciudad de Salta, una familia agropecuaria transformó su tambo en una pequeña planta industrial que hoy marca la diferencia en la región. Esta experiencia muestra cómo la industrialización de la leche puede convertirse en un motor de resiliencia y valor agregado rural.

La iniciativa familiar nació de una decisión estratégica para dejar de depender únicamente de la venta de leche cruda y apuntar a productos con mayor margen. Ese cambio permite enfrentar mejor la volatilidad de precios y aprovechar oportunidades comerciales locales y de nicho.

La explotación ocupa 320 hectáreas y combina cultivos de tabaco en el 80 % de la superficie con producción lechera en el 20 % restante, una convivencia productiva habitual en el NOA. Esa complementariedad territorial facilitó la logística y el acceso a insumos energéticos y azúcares necesarios para la elaboración industrial.

El proyecto comenzó con la producción de dulce de leche en 2005, luego sumó yogures en 2008 y en 2024 incorporó mozzarella y quesillo, ampliando la línea de productos. La evolución fue gradual y se produjo sobre una base de profesionalización y reinversión de recursos propios y financiamiento.

En el tambo se construyó un galpón con cama de compost de 250 por 20 metros y hoy hay 300 vacas que combinan ordeñe y pastoreo, una estrategia que mejora el confort animal. Esa dinámica productiva genera aproximadamente 11.000 litros por día de leche cruda, volumen que sostiene la planta.

La planta procesa alrededor de 10.000 litros por día y está equipada con dos calderas, pailas para dulce de leche y lineas para yogur que soportan lotes de 10.000 litros, además de otros equipos industriales. La unidad emplea a siete personas y combina inversión propia con crédito para financiar la modernización.

El producto más conocido es el dulce de leche de la marca Campo Quijano, orientado al sector repostero, y la venta se canaliza principalmente por almacenes y comercios de proximidad en lugar de grandes cadenas. Un camión propio reparte en la provincia de Salta, llega a Tucumán y despacha a comercios gourmet de Buenos Aires.

Para los dueños, la fábrica no es solo una línea de producción sino un ancla económica: cuando los precios de la leche caen, la planta sostiene la rentabilidad del tambo y da tiempo para ajustar las decisiones productivas. Esa complementariedad entre industria y campo es la que, según sus responsables, permitió sostener la explotación en momentos difíciles.

La industria como ancla de resiliencia

La experiencia en el Valle de Lerma ejemplifica por qué la agregación de valor en origen resulta clave para la resiliencia rural y la sustentabilidad de los tambos pequeños. Convertir leche cruda en productos terminados genera empleo local, mantiene divisas en la región y reduce la exposición a shocks de precio.

Además, la diversificación productiva mejora la gestión del riesgo climático y de mercado al ofrecer múltiples vías de ingreso y aprovechar capacidades instaladas. En contextos regionales con limitaciones logísticas, la industria local consolida cadenas de valor y puede abrir mercados de calidad.

Detrás de los resultados hay planificación, visión de mediano plazo y profesionalización, aspectos que la familia destaca como determinantes. También resaltan que el valor de los equipos y la disciplina operativa son tan relevantes como la materia prima para sostener la competitividad.

El camino hacia adelante incluye ampliar la producción de quesos frescos y mejorar la trazabilidad y la logística de distribución para acceder a nuevos puntos de venta. La historia del tambo y la fábrica en Salta es un ejemplo práctico de cómo la agroindustria local puede transformar economías regionales sin perder el vínculo con el campo.

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